16 jun 2016

Review: Esculpir en el tiempo

Esculpir en el tiempo Esculpir en el tiempo by Andrei Tarkovsky
My rating: 5 of 5 stars

Quien desee redescubrir la belleza no solo la obra de Tarkovski, si no tanto del arte como del mundo, habrá encontrado su hogar con este libro.

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13 jun 2016

Review: Pronto será de noche

Pronto será de noche Pronto será de noche by Jesús Cañadas
My rating: 4 of 5 stars

Seré breve.
Pocas veces me había sentido tan incómodo al leer un libro como lo he hecho con "Pronto será de noche" de Cañadas.
Una vez que éste road-trip infernal comienza, no deja respiro alguno. Sino tan solo una sensación de que nada va a estar bien.
El autor nos presenta tanto el conflicto como los personajes de manera precisa y sin concesiones (los personajes no son ni intercambiables ni indistinguibles).
La historia solo se desvía del misterio del asesinato en ciertos puntos, en los que se da un chapuzón en la psique de algunos de los personajes más detestables con los que me he encontrado (Alfonso es el que primero se me viene a la cabeza) y para mostrarnos el desolador paraje que Cañadas nos ha preparado para su apocalipsis particular. Y lo mejor es, que nunca llegamos a saber qué es lo que lo ocasionó, ni qué es lo que nos sigue o lo que se espera encontrar al final del enorme embotellamiento que nos sirve de escenario. No. Cañadas nos deja rumiar eso en las más oscuras rendijas de nuestra mente, que es más terrorífico que cualquier cosa que podamos leer en cualquier página impresa.

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1 sept 2013

A la vuelta de la esquina


Es la primera vez en años que entras a éste lugar, lleno de polvo y herrumbre. Las hormigas muertas que encuentras entre las páginas de los libros que has dejado aquí, te recuerdan que has envejecido; que todo es diferente, pero que nada ha cambiado.

Tu salud apenas te permite mantenerte en pie, pero eso es lo que menos importa, no hay ningún papel que interpretar entre éstas vetustas paredes, así que te acurrucas en un oscuro rincón, a solas. Mientras una voz, una terrible, estridente y eléctrica voz, te susurra al oído, te dice todo aquello que no quieres escuchar, enumerando todo lo que has dejado ir, cada error que has cometido, cada persona a la que has herido. La voz se convierte en voces, las voces en gritos y los gritos en imprecaciones. Intentas encomendarte a Dios, al diablo, a ti mismo (escoge tu veneno), pero no encuentras más respuesta que las ensordecedoras voces.

Te pones de pie, intentas recuperar el equilibrio. Sientes miedo de salir, miedo de lo que encontrarás a tu regreso, del vacío que te espera; pero sabes que lo harás, aunque el vacío te destruya y corrompa los arquetipos que cuidadosamente has creado durante largos años, demoliendo las defensas que has levantado contra tu propio silencio; volverás. Aunque te destruya, porque debes destruirte para poder crear. Destruirte. Debes regresar. ¿Regresar a dónde?

Las rodillas te fallan, quieres prender las luces para que parezca que hay alguien más en casa, intentas alejar la oscuridad, la oscuridad de tus pensamientos, pero ésta no se va. Las luces parpadean pero no logran alejar las tinieblas de ti, así que corres, sales del lugar abres la puerta para encontrarte con la noche, la ominosa oscuridad del mundo iluminada por un centenar de soles noctámbulos, caes de bruces y permaneces sobre la hierba bajo la burlona mirada de los astros. De repente, algo dentro de ti despierta, una risa, una risa nacida de tu pasado, del absurdo de tu presente y de la incertidumbre de tu futuro. Ríes, ríes entre lágrimas despojándote de tus recuerdos, la memoria permanece, pero no te define. Siempre será tarde, pero hay motivos para regocijarte en ello. El vacío del mundo se abre ante ti, y caes de rodillas frente a él, esperándolo, afrontando el absurdo con más Absurdo, una voz susurra tu nombre en tu mente, pero ésta vez es tu propia voz, que te dice que todo estará bien porque nada en éste mundo lo está.

6 feb 2013

La Caída


- So this is how it feels to be free.
- Like falling.
Fue lo que alcanzó a escuchar a una pareja de extranjeros en una playa desolada cuando tenía 12 años, y la guardó en su memoria hasta aprender el inglés suficiente para alcanzar a traducirlo.
Entendió el significado literal de la conversación pero al no lograr descubrir el contexto de ésta, le hizo una morada a la frustración en su cabeza, a la vez que el concepto de la libertad le obsesionó, repicando en su mente casi a diario, provocándole que tomara como decisión el no permitir que otra voluntad que no fuera la suya dominara sus actos, pero, malinterpretándose a sí mismo, había dedicado al azar cada una de sus acciones, convirtiéndose así en un solitario.

Tenía 26 años ahora, y un trabajo sencillo en la oficina de correos; pasaba sus mañanas y tardes ocupado en su empleo, y largas noches leyendo correspondencias olvidadas y sin reclamar, mismas que formando cúmulos sin forma habían rodeado el pequeño microcosmos que era para él su habitación, llenándola de sobres abiertos con indolencia, desparramados por todos los lugares, mezclándose con las escasas cartas que había recibido para su persona. Sus días eran lentos y transcurrían con desgano, para evitar la monotonía visitaba una vez por semana un mirador ubicado la parte alta de la ciudad, donde se podía contemplar el montañoso paisaje que rodeaba la urbe. Hacía esto de la misma manera que realizaba otras actividades tales como cenar, ir al cine, caminar y otros etcéteras: sólo.  No le gustaba del todo esa situación, pero había llegado a habituarse a ella.

En su corta existencia había encontrado a tres mujeres a las que hubiera estado dispuesto a hacerles un espacio en su vida. La primera, con la que mantenía una esporádica correspondencia, fue a trabajar fuera del país, y por la cual aún tenía un platónico sentimiento. La segunda, a pesar de todos sus esfuerzos por conquistarla terminó quedándose con el hermano de él. Y la tercera hace poco había dado a luz al hijo de uno de sus compañeros de trabajo al que él mismo le había presentado.

Había días en los que le atormentaba ésta situación mientras observaba la ciudad, y otros simplemente dejaba que su mente vague con el frío y aterciopelado viento, sintiéndose así más libre que nunca; hasta que un día recibió una carta. Ella, la primera mujer que le había importado, le escribía para informarle que regresaba al país, que ansiaba mucho el verle. Leyó la carta faltando un día para su llegada y no estaba seguro de cómo se suponía que debía de sentirse al respecto.

Regresó a su casa con la mente y el cuerpo cansados, tenía una carta que él había escrito para ella el día anterior, atrapada en un sobre ya sellado, pero que aún no se había decido a enviar, y que ahora se encontraba perdido en el montón de misivas ajenas que rodeaba su recámara. Quería releerla y memorizarla, ya que nunca había sido bueno con la palabra hablada y toda su elocuencia estaba encerrada en las locuciones escritas en ese papel, pero el cansancio le impidió buscarla, y tumbándose en la cama se perdió en la inconsciencia mientras la luna se paseaba por el cielo hasta volver a ocultarse. Se despertó intranquilo junto con los primeros rayos del sol y regresó a los correos para otro monótono día de trabajo, del que salió temprano para la cita que había concertado; fue primero a su casa a hurgar entre las colinas epistolares de su habitación en busca de la única carta que le importaba ahora, le tomó dos horas el encontrarla (diecinueve minutos después de la hora señalada para encontrarse con ella) y al hacerlo, salió disparado hacia el café en el que había sido citado, serpenteando entre vehículos y personas hasta llegar a él.

La observó por el ventanal y estuvo a punto de entrar, pero algo le detuvo, algo que de una u otra forma le hizo aferrarse a sí mismo. Ella estaba sentada a la mesa, más bella que la última vez que él recordaba haberla visto, con la mano izquierda sosteniendo una taza llena de café, llevándola hacia sus labios, entonces reparó en su dedo anular, adornado por una brillante sortija con una piedra preciosa engarzada en ella. No quiso adelantar conclusiones, buscó motivos para semejante accesorio, ninguno de ellos, aparte del obvio le pareció convincente, y de todas maneras llegó a sentirse aliviado, como si una pesada carga hubiera sido quitada de sus hombros, preguntándose si era él mismo el que había decidido quedarse parado, inmóvil frente al ventanal, o si era una fuerza ulterior la que le impedía moverse, entrar, y hablar con ella.

Permaneció ahí, afuera del lugar durante casi una hora, con su carta colgándole con indolencia de la mano, hasta que ella se levantó, y con movimientos rápidos salió del café pasando junto a él, sin reconocerle. Rió para sus adentros, y al ver que la tarde ya se había alejado se dispuso a caminar de vuelta a su pequeño hogar, pero sus pasos le traicionaron y terminó en el mirador que frecuentaba, vacío y silente. Se arrimó al barandal con suavidad y dejándose arrullar por el sibilante viento no notó cuando éste le quitó la carta de su mano y se la llevó consigo, lejos, tanto del lugar como de su mente.

Escuchó el sonido de unos tacones altos que rompieron el silencio en que se había sumido, una mujer se arrimó de espaldas al vacío, a pocos metros de él, y encendió un cigarrillo.
- ¿Así que esto es lo que se siente el ser libre?
Escuchó que ella se preguntaba a media voz, mientras una voluta de humo escapaba de su boca, y su mirada se encontró de manera huidiza con la de él. La pregunta retumbó en su cabeza, cerró los ojos mientras aspiraba la humareda que se había creado, y se sumergió en la libertad de su propia caída. 


15 dic 2012

Mozzarella Mosh - 3 El Orden de los Factores sí altera el Producto

Todos están castigados. Aquiles viajará en bus. Johnny planea celebrar sus cinco meses con Rebeca. Centavo será dado de alta. Y en los conjuntos del Barrio Chito, sombrías cosas se planean. Sí, aunque no parezca, "Mozzarella Mosh!!!" continúa.


El tercer capítulo lo pueden encontrar aquí:

3 dic 2012

La risa de mi padre


El ruido y el polvo se mezclan con el sol, estrellando contra mis pupilas, obligándome a retirarme al fondo del taller, detrás de la gran mesa para cortar vidrios donde extiendo tres diferentes cuadernos de apuntes. Las páginas se llenan de a poco, como con desgano.

Al frente, el ruido de las construcción se hace imparable: picos, palas, martillos hidráulicos, camiones, excavadoras, aplanadoras (y demás “doras”) crean una sinfonía a la que he llegado a acostumbrarme, incluso a tomarle gusto.

Por la puerta veo pasar a pintorescos personajes, cuyas descripciones y hábitos no desperdiciaré en éste escrito; personas entran y salen del taller, mientras junto a la construcción, dos viejitos parados uno al lado del otro, contemplan con un deleite casi infantil las casi terminadas obras, tal vez anhelando volver a jugar cocos en el parque, o ver los juegos de vóley.

Yo por mi parte, tengo dos libros que terminar de leer, y dos guiones y un libro a medio empezar. Pero mi mente se pierde, sale de mí y sigue a las dos moscas que vuelan inquietamente cerca del techo, para luego salir y mecerse al ritmo de la sinfonía mecanizada y entremezclándose con los pasos de las diferentes personas que entran y salen de éste lugar, al que he sido traído por extrañas disputas familiares.

En el umbral de la puerta se llega a escuchar una conversación entrecortada donde no distingo donde empieza la política y terminan los deportes, para luego llegar a la música, de repente alguien dice un chiste que no logro terminar de entender y la risa de mi padre se eleva, nulificando todo sonido, haciendo vibrar el taller y trayendo mi mente de vuelta, junto a una sonrisa que queda estampada en mi rostro.

La risa de mi padre, mitad lucha, mitad sacrificio, que me mueve a seguir creando, a existir una, dos, tres, mil veces, adentro de éstas páginas.


15 sept 2012

Grandes Soluciones, Pequeños Problemas

Segundo capítulo de "Mozzarella Mosh!!!", lo pueden encontrar aquí:

Mozzarella Mosh - 2 Grandes Soluciones Pequeños Problemas